A TRAVÉS DEL ESPEJO. JOAN FONTCUBERTA

A través del espejo
Joan Fontcuberta
02.12.2010-06.03.2011
Inauguración jueves 2 diciembre a las 19.30 h.

A través del espejo de Joan Fontcuberta es una exposición que recoge dos trabajos en los que el artista utiliza recursos presentes en internet. Con el título específico de Googlegramas y Reflectogramas plantea una reflexión sobre la importancia y el incremento de imágenes, la proliferación de autores, así como el potencial de difusión y dispersión vírica, elementos todos ellos en aumento con el uso de las redes sociales.
Con Googlegramas construye composiciones iconográficas contemporáneas a partir del buscador Google. Si uno se acerca ve como estas representaciones están construidas por un mosaico de centenares de imágenes, que temáticamente están relacionadas con la composición resultante. En la exposición existe la posibilidad de que el espectador genere composiciones propias y las incorpore mediante una proyección.
Con Reflectogramas lo que hace es recoger aquellas imágenes en las que las personas se fotografían ante el espejo, que posteriormente publican en internet y las difunden mediante el uso de las redes sociales. Consiste en una superposición de autorretratos especulares en donde el espacio expositivo se transforma a partir de la confluencia de múltiples proyecciones convirtiéndolo en un escenario saturado en el que tiene lugar un espectáculo de desbordada subjetividad. En la exposición hay un dispositivo dotado con una cámara y un software con el que el espectador se puede añadir a la exposición a través de su retrato.
Joan Fontcuberta considera que hay dos tipos de fotografía, la que pertenece a un orden decorativo y la que hace pensar. Desde sus inicios él trabaja en el campo de la fotografía que “hace pensar”. Así lo expresaba en la reciente conferencia que impartió en el contexto de las Nits Digitals en Vic. Pero ¿pensar en qué? Este es el reto y el punto de partida de cada uno de sus trabaos, articular un conjunto de imágenes que oriente al espectador, observador o usuario, hacia unas determinadas cosas con el fin de cuestionar, debatir o sencillamente reflexionar. Cuando las imágenes se multiplican y se multiplican, las reflexiones deben partir del conjunto significativo. En este caso Internet es el medio y el mensaje. Un medio multiplicador y un mensaje que unas veces nos llega filtrado (en el caso de google) y que en otras nos llega saturado (en el caso de las redes sociales). Nuestra mirada está condicionada por estos mecanismos. Una imagen nos puede hacer pensar, la multiplicación de imágenes no nos hace pensar de forma proporcional, contrariamente nos aturde, nos embriaga. El artista pone un espejo en el que nos refleja una realidad saturada de información visual, una manera subversiva de ejercer el control social. El exceso de información nos aleja de la capacidad de concentración, de reflexión, de pensamiento. Este es uno de los aspectos sobre los que nos hace pensar esta exposición. Otros conceptos y relaciones que de ella se desprenden nos los explica Fontcuberta en los textos que aquí se publican.

 

GOOGLEGRAMAS
Internet ha extendido la noción de una memoria universal y democrática, exhaustiva y accesible a todos, cumpliendo el sueño de la “noosfera” predicada por Vernadsky y Teilhard de Chardin. Los “Googlegramas” examinan hasta que punto esa utopía dista de convertirse en realidad.
En la actualidad abundan diferentes softwares de fotomosaico, una técnica de ilustración digital utilizada en el diseño y en la publicidad desde mitad de los 90’s. Un fotomosaico es un procedimiento por el que una imagen-modelo es recompuesta a base de una estructura reticular de pequeñas imágenes-celdilla. A una cierta distancia reconocemos el modelo de origen, pero una observación más cercana nos permite apreciar el contenido de las múltiples imágenes de las que la reconstrucción está compuesta. El fotomosaico constituye por tanto una especie de palimpsesto perceptivo.
Con los “Googlegramas” unas imágenes que pueden ser consideradas como iconos de nuestro tiempo son rehechas mediante este recurso, pero conectando el programa a internet para que a través del buscador Google –el buscador de referencia– localice todas las imágenes disponibles según un determinado criterio de búsqueda. El procedimiento permite establecer una relación (poética, dialéctica, política, etc) tanto entre la palabras de búsqueda y la imagen matriz, como entre las palabras de búsqueda y las imágenes asociadas a estas palabras en el momento concreto de la búsqueda. El dispositivo moviliza, pues, de una forma no controlada por el operador, tanto los accidentes lógicos (polisemias, homonimias, superposición de idiomas...) como las censuras y filtros que el buscador subrepticiamente impone.

REFLECTOGRAMAS
Espejos y cámaras definen el carácter panóptico y escópico de nuestra sociedad: todo está dado a una visión absoluta y a todos nos guía el placer de mirar.
Con la proliferación de las cámaras digitales y la incorporación de cámaras en teléfonos celulares aparece un nuevo género de imágenes tremendamente popular, como evidencian los blogs y foros de internet: los ubicuos autorretratos realizados por jóvenes y adolescentes frente a espejos  (en los que además, para cerrar el círculo perceptivo, aparece la propia cámara como dispositivo de registro). Espejos en lugares de intimidad como cuartos de baño, habitaciones de estudiante, de hoteles, lavabos de discotecas y de otros locales de ocio, probadores de tienda de ropa, ascensores, retrovisores de automóviles... En estas fotos la voluntad lúdica y autoexploratoria prevalece sobre la memoria. Tomarse fotos y mostrarlas en las redes sociales forma parte del juego de la seducción y de los rituales de comunicación de las nuevas subculturas urbanas.

VD APRIETE EL BOTÓN. PERO ¿QUIÉN HACE –HOY– EL RESTO?
Un aspecto habitualmente pasado por alto al tratar la fotografía digital es que culmina el proceso de secularización de la imagen. Desde Altamira y Lascaux, las representaciones pictóricas eran prerrogativas de la magia instituida por chamanes y brujos, seres singulares dotados con un don que les permitía invocar lo sobrenatural mediante la imagen. Superar la prehistoria convirtió a los artistas en simples artesanos laicos, aunque ungidos con el genio de una creatividad plástica que se manifestaba en la destreza para plasmar su entorno con sus formas y colores. El arte –la imagen– era entonces una curiosidad reservada a los estamentos sociales más opulentos. El advenimiento de la fotografía en el primer tercio del siglo XIX supuso otro hito fundamental: la habilidad manual ya no era un requerimiento indispensable, porque se delegaba en un apéndice mecánico –la cámara– la misión de formar la imagen. Es cierto que al principio el procedimiento fotográfico era harto complejo. Los pioneros preparaban sus placas cual alquimistas, y todo el proceso se basaba en un conocimiento técnico limitado a los especialistas. Pero la vía a la socialización de la imagen quedaba expedita y, en su escalonamiento progresivo, otro protagonista de la microhistoria de la fotografía, George Eastman, realizó en 1888 una contribución fundamental al industrializar y distribuir cámaras sencillas y baratas, con las que se ofrecía el servicio de revelado incluido. El famoso eslogan que apadrinó la operación, “Vd. apriete el botón; nosotros haremos el resto”, sintetizaba el inicio de una nueva era, en la que se escindía la pulsión de producir y consumir imágenes de la tenencia de las facultades visuales y técnicas correspondientes. Los avispados cerebros de la mercadotecnia ya anticiparon entonces que el verdadero negocio procedería de la venta de copias sobre papel por parte de los laboratorios comerciales. Lógicamente el desarrollo de la industria fotográfica apuntaló la dirección de simplificar el manejo de las cámaras, dotándolas de sistemas electrónicos cada vez más automatizados: desde la medición de la exposición y el enfoque, hasta la detección de sonrisas en los rostros. El fotógrafo moderno ya no tiene que preocuparse de los enojosos requerimientos técnicos, y puede concentrarse en lo que verdaderamente interesa: aquello que se quiere fotografiar. Por tanto, todo el mundo hoy, incluso aquellos que se encuentran en la categoría de los más ineptos, pueden tomar fotos decentes: la imagen ha dejado de ser una potestad minoritaria.
Las cámaras digitales han trastocado tanto las leyes del mercado como la cultura visual. Aunque la adquisición de una cámara representa un cierto dispendio, ahora las fotos no tienen costo. Las imágenes digitales están destinadas a ser visionadas en pantallas (a pesar de que persista el uso de impresoras y plotters como reminiscencia caduca de la fotografía analógica), con lo que desaparece el consumo de película y papel. Esto ha supuesto para corporaciones legendarias como Kodak o Polaroid una tragedia de impacto parecido al que tuvo el meteorito para la supervivencia de los dinosaurios; hoy día, la empresa líder, que sitúa en el mercado el mayor número de cámaras, no es ninguna de los tradicionales firmas japoneses como Canon, Nikon u Olympus, sino Nokia. La industria de la telefonía marca el rumbo de la fotografía: lo primordial ya no es imprimir la imagen, sino enviarla. Según unos datos facilitados en el contexto de las jornadas de estudio organizadas por la feria de telefonía móvil Mobile World Congress (Barcelona, 16-19 de febrero de 2009), la edad media en que los españoles acceden a la posesión de un móvil es de diez años. Es decir, a partir de los diez años los chavales llevan en el bolsillo un complejo dispositivo de computación y comunicación que, entre muchísimas otras cosas, permite tomar fotos. La ubicuidad de las cámaras, unida a la gratuidad de los disparos, multiplica de forma exponencial las situaciones que son registradas fotográficamente, así como la cantidad de imágenes efectuadas.
Con ello la fotografía se desritualiza, ya no se reserva los momentos solemnes. Al contrario: la disponibilidad, la facilidad y la oportunidad de fotografiarlo todo empuja a la foto digital a infiltrarse en el tiempo y en el acontecimiento de lo cotidiano. Hoy todos somos autores de nuestras propias imágenes, nos hemos convertido a la vez en homo fotograficus y en homo spectator. Es cierto que en, esa tesitura, el carácter autoral está en entredicho, pero a cambio de ser, por fin, responsables y dueños de nuestra imagen.
Este logro tiene, para la mujer, especial importancia, puesto que conquista por fin el derecho a su propia imagen, después de milenios sometida a la mirada patriarcal. No solo desbarata el monopolio de los especialistas, sino que también, y sobre todo, se libera del hecho de que los especialistas hayan sido tradicionalmente hombres. Tal vez eso explica un dato sorprendente pero estadísticamente objetivo: los reflectogramas femeninos (autoretratos frente a espejos que circulan por Internet) son muchísimo más abundantes que los masculinos; su exuberancia puede interpretarse justamente como el estallido que supone la emancipación de tantos siglos de estereotipos impuestos. La mujer se libera del tributo de esos filtrajes y puede pasar a construir sus propios modelos. Pero, ¿realmente lo logra?, ¿o sigue por inercia apegada a la iconografía tradicional de cosificación del cuerpo y sometimiento a la autoridad falocrática?, ¿siguen las expectativas de la mujer formateadas por los fantasmas masculinos? Apuntemos otro dato: en situaciones de parejas heterosexuales, mayoritariamente, suele ser el hombre quien empuña la cámara. Lo cual podría indicar, a su vez, que el control de la imagen equivale a una posición de poder todavía detentada, y/o que las imágenes constituyen material de placer más para los hombres que para las mujeres (como hipótesis de una mayor sexualidad visual en los varones).
En cualquier caso, desde el feminismo clásico, somos testigos de un fracaso: las adolescentes siguen padeciendo una alienación que las incapacita para desprenderse de los roles transmitidos por la cultura popular. Sin embargo, según el postfeminismo y la teoría queer, sucede todo lo contrario: las adolescentes son perfectamente conscientes de que, solo administrando su erotismo, están en condiciones de doblegar al varón. Sea como fuere, ahora, al menos, la reacción está en sus manos. Disponen de la técnica; falta tan solo que, en su cuerpo y en su razón, exista voluntad firme y la capacidad crítica para decidir por sí mismas.
Joan Fontcuberta
(del ensayo “La danza de los espejos. Identidad y flujos fotográficos en Internet”, en A través del espejo, La Oficina de Ediciones, Madrid, 2010)

ACTIVIDADES DE FORMACIÓN ABIERTA VINCULADAS A LA EXPOSICIÓN.

CONFERÈNCIA DE JOAN FONTCUBERTA.
3 de Febrero a las 18.30 h.
Organizado en colaboración con la Universitat de Vic.
Actividad abierta al público.
Lugar: Sala Mercè Torrents, Edifi ci C. Campus Miramarges de la Universitat de Vic


TALLER DE FOTOGRAFÍA DIGITAL PARA NIÑOS DE 4 A 7 AÑOS.
Impartido por Tanit Plana.
Sábados 29 de enero, 5 y 12 de febrero de 2011 de 10.00 a 13.00 h.
Precio del taller del 75 eur. Precio por sesión 25 eur.
Lugar: ACVic Centre d’Arts Contemporànies. C. Sant Francesc, 1 Vic.

TALLER DE FOTOGRAFÍA DIGITAL PARA JÓVENES DE 14 A 18 AÑOS.

Impartido por Tanit Plana.
Semana del 28 de febrero al 3 de marzo de 2011, de 10.00 a 13.00 h.
(semana blanca). Precio del taller 100 eur. Precio por sesión 25 eur.
Lugar: ACVic Centre d’Arts Contemporànies. C. Sant Francesc, 1 Vic.

TALLER IMAGEN DIGITAL Y WEB.

Impartido por Miquel Bigas.
Sábado 19 de febrero de 2011 de 10.00 a 13.00h.
Precio del taller: 25 eur.
Lugar: La Farinera, Centre d’Arts Visuals de Vic. C. Bisbe Morgades, 15 Vic.
Todos los cursos tienen un descuento del 10% para los socios de H. Associació per a les Arts Contemporànies.
Pera a más información e inscripciones: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it – tel. 938 853 704

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