Economías del desgaste

economies desgast webProyecto expositivo de Toni Giró y Jordi Mitjà comisariado por Magdala Perpinyà

25.09.2015 - 31.12.2015

Inauguración, viernes 25 de septiembre a las 19.00 h

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En el documental Les glaneurs et la glaneuse la cineasta Agnès Varda ejemplificó, de una manera rotunda y tal vez emotiva, el sin sentido de la sociedad de consumo y toda la perversidad que se esconde detrás. En uno de los momentos de la filmación se ve como miles de patatas en forma de corazón se tiran a la basura porque tienen poco recorrido comercial. La gente prefiere comprar las redondas que son más atractivas y fáciles de pelar, aunque puedan ser de peor calidad. A pesar de ello siempre hay personas que, empujadas por la necesidad, les dan una segunda vida. El relato de Varda pone rostro a la inmoralidad de una sociedad constreñida a la dinámica del usar y tirar. Los personajes y las situaciones que describe nos son cercanos, porque desgraciadamente en los últimos tiempos han pasado a formar parte de las vivencias del día a día y de la pulsión cotidiana de las ciudades.

Lo que nos viene a decir Agnès Varda es que la "socialización" del individuo pasa forzosamente por adecuarse a determinadas dinámicas de comportamiento que requieren cumplir unas obligaciones como consumidor. Obviamente, cualquier persona que quiera quedarse fuera de las operaciones cotidianas de la sociedad de consumidores pasa a ser un outsider, un marginado que pierde su derecho a integrarse en el sistema social y, de rebote, pierde los derechos como ciudadano que, en última instancia, se fundamentan en su competencia y su capacidad como consumidor. En este escenario, al individuo no le queda más remedio que luchar a contracorriente para intentar mantenerse en un ambiente que le es hostil. Evidentemente, existe un difícil equilibrio entre no salir del sistema impuesto y no ser absorbido a la vez por lo del que se quiere escapar. Se trata de una lucha asimétrica, de modo que el sujeto se encuentra ante un desafío de difícil superación. Por un lado está el afán por la propia emancipación y por el otro la presión del sistema, que lo obliga a adoptar un comportamiento contrario a sus intereses.

Como muy acertadamente describe Varda muchos de los outsiders encuentran en la recuperación de usos tradicionales como el de espigar, formas alternativas de vida. Pero no hay que engañarse, actualmente estas prácticas son vistas como una amenaza y un desafío al orden vigente. Ciertamente, parece que ni la prosperidad ni las libertades de la democracia sean posibles construirlas fuera del mercado financiero.

Así, si bien el consumo podría parecer que aparentemente es la única vía legítima para acceder a un mundo más feliz, esconde una estrategia muy bien estudiada de opresión y control del ser humano. Para Toni Giró y Jordi Mitjà no pasan desapercibidos el hedonismo y consumismo imparable que marcan las pautas de comportamiento social. Precisamente, la singularidad y el valor de las propuestas de Economías del desgaste radican en hacer aflorar los puntos críticos de un imaginario colectivo asociado al exceso y a la abundancia estéril.

Desde esta perspectiva, Jordi Mitjà se mueve por una especie de necesidad arqueológica que le lleva a buscar rastros en objetos de la realidad cotidiana que han pasado a ser de deshecho. En la apropiación de materiales y elementos abandonados entra en juego un proceso de seducción por la poética del object trouvé, que no se reduce a una somera recuperación por la recuperación, sino que de una manera sutil, sin una voluntad panfletaria ni estridencias, respetando lo encontrado, pretende desenmascarar la pulsión fetichista que se oculta tras el supuesto poder emancipador y liberador del consumo. De ahí, que su visión crítica sobre el devenir actual no se centre en los grandes eventos. Su mirada se fija más bien en todo lo contrario. Un ladrillo, un hierro oxidado o un papel antiguo pueden ser el indicio de algo más. Es así como busca, discierne y decodifica para volver a dar significado a todo lo que se ha convertido en chatarra. Bucea en todo lo que queda escondido y descartado para identificar en estos elementos un significado anímico y social perdido. Le interesa aproximarse a lo humilde, desestimado por su falta de utilidad. Objetos simples, cotidianos, domésticos que hablan de historias cercanas, a partir de las cuales se pueden reconstruir "intrahistoria". En cierto modo, Mitjà posee un olfato coleccionista y con empeño busca en los rincones para no dejar perder lo que podría desaparecer.

jordi mitja tallerAsí, uno de los puntos claves de la actitud de Mitjà se dirige a hacer el proceso inverso al que rige la economía de consumo. Sabemos que el consumo imparable se consolida a través de la insatisfacción continua del consumidor, en una estrategia que, si bien aparentemente pretende satisfacer sus deseos, lo que realmente busca es el rechazo sucesivo de productos y la promesa de que las nuevas adquisiciones podrán satisfacer las expectativas creadas. Es así como se genera un bucle constante de adquisición de cosas materiales que, posteriormente, son abandonados por nuevas adquisiciones. De este modo, se asegura el circuito de la fábrica al consumo y del consumo a la basura. Pero Jordi Mitjà nos propone subvertir el proceso que va de la apropiación, la posesión y la acumulación hasta llegar al rechazo de objetos, para rehacer el circuito a la inversa. Por lo tanto, se trata de socavar y desmantelar los modelos ideológicos que contienen los bienes materiales y activar la reflexión crítica sobre su uso y su finalidad.

El artista bien podría ser uno de los protagonistas del documental de Varda, ya que en buena medida su trabajo supone una re-significación de la práctica de los espigadores. El hecho de espigar, de recoger los granos de trigo, uvas, arroz sobrantes de la cosecha, tiene mucho que ver con el gesto de Mitjà. Al fin y al cabo, espiga por la necesidad de recuperar, de no dejar perder lo que aún puede ser aprovechado. En el caso que nos ocupa, se trata de propugnar una nueva identidad artística en el descarte.

Tal vez, el trabajo de Jordi Mitjà está intrínsecamente imbricado con el territorio en el que se mueve, por lo que sus proyectos buscan una interacción directa con el lugar donde se deben mostrar. La investigación in situ opera como un detonante que pretende hacer aflorar otras visiones y matices del lugar, que aparentemente han perdido la presencia pública o que pasan desapercibidos. En efecto, primero el artista se sitúa, deambula, indaga y toma posición con el fin de identificar aquellos elementos de la localidad o valores territoriales que pueden exteriorizar puntos de conflicto y discusión y que, de una manera u otra, han quedado invisibilizados. Es decir, que en la recuperación de determinados elementos gravita la voluntad de desplazar el discurso artístico hacia un discurso de carácter más social y político.

En este sentido, una parte de la propuesta de Mitjà consiste en fijar la atención en las antiguas curtidurías de Vic que fueron abandonadas, debido al desarrollo tecnológico que afectó a la manufactura de la piel a lo largo del siglo XX, y que actualmente sufren un proceso de degradación continúa. Por lo tanto, se trata de aprovechar el potencial simbólico de estas edificaciones para generar un debate sobre la regeneración urbana y todo el proceso de construcción social, económica y cultural, asociado a la transformación de la ciudad.

En la misma línea, Mitjà busca la participación de determinados agentes locales. En este caso, a través de una imprenta, el artista rastrea en ediciones y documentos que ya no tienen ningún uso, pero que a pesar de quedar arrinconados por la imposibilidad de comercializarse, contienen un valor fuera del mercado.

El proyecto de Mitjà supone la reconstrucción del sentido de memoria personal y de memoria social. La actitud del artista nos viene a decir que es posible trazar un hilo de coherencia entre el pasado y el presente a través de lo insignificante. De hecho, la voluntad que muestra en recoger lo que se abandona, lo que ya no suscita ningún interés, señala su compromiso por mantener una actitud de resistencia frente una dinámica que va en dirección contraria. En cierto modo, su búsqueda se convierte en una especie de ensayo visual sobre lugares que han quedado menospreciados por una visión intransigente del sistema de organización social y todo lo que gira a su entorno que, al abrigo de lo que vivimos día a día, nos hace constatar que privilegia la funcionalidad de una vida útil y que tal vez, de manera programada, la condenada a la caducidad.

Con objetivos que se encaminan en una dirección similar, las obras de Toni Giró ofrecen una mirada irónica, no exenta de cierto sentido del humor, sobre los peligros y las trampas que desarrolla el tardo-capitalismo. El artista se sitúa en el rastreo de una expresión plástica que cuestiona la lógica de determinadas dinámicas de poder, que empujan la sociedad hacia un destino incierto. De hecho, su trayectoria artística ha fundamentado en un permanente cuestionamiento de los problemas que afectan a la sociedad contemporánea. Tanto es así, que en el caso que nos ocupa, el artista incide en un debate que ya viene de los años 50 del siglo pasado, cuando desde determinadas corrientes de pensamiento se alertaba sobre las consecuencias nefastas de la enajenación de una sociedad de consumo inmersa en la abundancia. En este contexto, los derechos de los ciudadanos han quedado subrogados a los beneficios del mercado. Así, un ejemplo perverso de cómo se aplican las prácticas y las normas de la sociedad de consumo lo tenemos en el mundo de la empresa, donde se emplean unas políticas de personal, en las que los trabajadores son despojados de todos sus derechos y son tratados como un producto más, utilizados y canjeados como bienes materiales. Actualmente ya nadie se escandaliza cuando se habla de precariedad laboral, movilidad del personal, deslocalización, regularización laboral y tantos otros eufemismos que engordan el ideario economicista que nos rige. Resulta sorprendente la manera en que se han "naturalizado" estas palabras en la realidad laboral cotidiana. Tan sorprendente como la manipulación y el uso que se hace del lenguaje. Lo hemos visto con el término "revolución", que ha sido subvertido hasta el atrevimiento de convertirlo en el eslogan de un anuncio publicitario y vaciarlo de contenido. Del mismo modo, se hace un uso de determinados relatos históricos, políticos, culturales y sociales, con el fin de readaptar a la conveniencia del poder hegemónico. Por ejemplo, en La mano invisible Giró incide sobre los peligros de la apropiación y manipulación del pensamiento y el lenguaje a través de unos textos de Karl Marx y Adam Smith. De ahí que, todo un lenguaje técnico asociado a la teoría económica se convierta en un texto poético. Las palabras, desvestidas de su sentido primigenio, adquieren nuevas connotaciones. De alguna manera, con esta pieza compone un discurso que busca crear espacios de fisura sobre una realidad ficticia que nos gobierna y así generar una mirada ácida e interrogativa, que atañe al modo en cómo se construyen y se imponen determinadas corrientes ideológicas.

toni giro blisterLos productos de consumo rara vez tienen una entidad neutral. De hecho, su poder reside precisamente en que siempre van acompañados de una "identidad" y una "experiencia", muy bien estudiadas previamente, que contienen todo un constructo ideológico dirigido a confeccionar un modelo de vida. Así, podríamos definir al consumidor en función de los objetos que lo rodean. Sin duda, la relación cotidiana que tenemos con el consumo y con la toma de decisiones respecto a la compra de productos, tiene mucho que ver con un posicionamiento ideológico sobre la tecnología, la moda, la alimentación, la cultura... Los bienes de consumo poseen un poderosísimo carácter simbólico, por lo tanto, la elección de un objeto u otro no es nada banal, obedece a una manera de entender e interactuar con el constructo social. Por ejemplo, Toni Giró, en Blister Suite, una pieza realizada a partir de la reutilización de los blísters o envases de plástico que protegen los objetos que habitualmente compramos y que el artista rellena con cemento, pretende desarticular el poder ideológico de los bienes materiales y borrar toda significación, para que sea el espectador el que los dote de una nueva identidad. La pieza se convierte en una especie de colección y seriación formal de los estuches de estos objetos, por lo que se establece una genealogía de familias objetuales vinculadas a la cotidianidad, la domesticidad, el bricolaje y las nuevas tecnologías de la comunicación.

El pecado de la codicia, el afán de lucro o la avaricia, que hasta hace pocos años eran percibidos con reprobación no sólo por pensadores, sino también por buena parte sociedad, han pasado a ser valores en alza. Así, el capitalismo, amparado por sus ideólogos, ha provocado un giro radical en la manera de concebir el sistema económico, homologando los usos financieros a la modernidad, el progreso, la prosperidad y la libertad individual. En esta coyuntura, el carácter teológico que ha adquirido el dinero se constata en los cambios políticos y sociales que ha desencadenado. De ahí que el deseo del dinero por el dinero, ya no sea visto como pecaminoso y recriminable, sino que va cargado de una peculiar intensidad pasional asociada a la ambición, el afán de poder o el progreso personal. Pero la realidad, tal y como constata Giró en Última Estrofa es amarga y demuestra que reducir el mundo a cuestiones monetarias y transformar el dinero en poder es un juego peligroso que nos ha llevado donde estamos ahora. Última Estrofa muestra un paisaje natural subacuático en el que aparece de repente un elemento extraño: un billete de cinco euros que despliega una danza particular y se hunde lentamente en un entorno que no le es propio. Llevado por la corriente, mimetiza el movimiento de las algas, se frota con las materias en descomposición y es a veces abordado y otras ignorado por insectos y peces. La banda sonora que acompaña a las imágenes sugiere evocadores pasajes relacionados con los géneros de ciencia ficción, catástrofes de tipo natural y documentales de naturaleza. La utilización de unas citas textuales al inicio y al final del vídeo sitúa de una manera ambigua la temática del vídeo. Cuando el artista recrea la imagen de un billete que desciende hacia el fondo de una balsa, de alguna manera deja intuir la temeridad a la que se ha llegado legitimando el ímpetu acosador del dinero, convertido ahora en una herramienta de dominio de la sociedad. Última Estrofa pone en evidencia la contradicción indisoluble entre "la naturalización" de un estado continuo de desequilibrio social, impuesto por la acumulación financiera, y la gestión del bien común.

bitllet 1bitllet 2En definitiva, el eje vertebral de Economías del desgaste está marcado por la voluntad de reflexionar sobre lo absurdo de este constructo social, que día a día se impone como la única forma de "estar en el mundo" y que, de alguna manera, marca los patrones de relaciones interhumanas y los patrones de funcionamiento social. Magdala Perpinyà Gombau





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